Las Cabezadas o “Foro Y Oferta” de Leon
Guía Turística León
En León tenemos una forma muy nuestra de hacer las cosas, y sobre todo, de discutirlas. «Las Cabezadas» es probablemente el mejor ejemplo de esto. Una pelea dialéctica que lleva siglos sin resolverse y que, en el fondo, nos encanta que siga así.
Es una de esas tradiciones que tienes que ver al menos una vez en la vida. Sobre todo si te pilla alojado con nosotros en Mk77 León a finales de abril. Merece la pena. Aunque sea solo por ver el teatro que se montan.
Todo esto tiene un origen casi de película.
La historia viene de muy atrás. Lucas de Tuy dejó escrito que allá por el año 1158 la situación en León era crítica. Una sequía bestial azotaba la ciudad y los campos. No caía una gota. La gente estaba desesperada de verdad.
¿Qué hizo el pueblo? Organizar una rogativa a San Isidoro. El Doctor Hispaniae. Sabio y santo. Sacaron sus reliquias en procesión y ocurrió lo imposible. El milagro se consumó allí mismo.
Empezó a llover. Pero no un poco. Llovió copiosamente durante la propia procesión. La gente acabó empapada y feliz.
Contenidos
¿Foro u Oferta? El origen del lío
Aquí es donde la historia se vuelve muy humana. A raíz de aquel agua bendita, el Ayuntamiento (nosotros, el pueblo) decidió agradecerle el favor al Cabildo de San Isidoro (la iglesia). Quedaron en llevarles cada año un cirio de cera enorme y unos hachones.
Hasta ahí todo parece bonito. Un gesto de gratitud.
El problema es el matiz. Y en León somos muy de matices.
El Ayuntamiento defiende a capa y espada que va porque quiere. Que es voluntario. Una «Oferta» libre entre amigos. «Te lo doy porque me caes bien».
Pero el Cabildo dice que nanay. Que de voluntario nada. Que van porque es una obligación adquirida. Un «Foro». Un impuesto que se debe por el milagro de 1158.
Y ahí se quedan. Atascados. Siglos discutiendo lo mismo.
Da la sensación de ser una discusión de matrimonio que ya no tiene solución, pero que se lleva con cariño. «Yo digo blanco, tú dices negro, y nos vemos el año que viene para repetir».
Por qué se llama «Las Cabezadas»
La ceremonia en sí es curiosa de ver. Los representantes municipales y los del clero se sientan unos enfrente de otros en San Isidoro. Discuten tres veces. Usan argumentos muy cultos, muy educados, pero muy firmes.
Obviamente, nunca se ponen de acuerdo. Empate técnico. Siempre.
Al final, como no hay manera de convencer al otro, se despiden. Pero la despedida es la clave. Al salir, se hacen unas reverencias exageradísimas. Unas inclinaciones de cabeza tan profundas y repetitivas que rozan lo cómico.
De ahí el nombre. Las Cabezadas.
Sinceramente, es puro teatro leonés. Y funciona. Funciona muy bien para mantener la tradición viva.
Mi consejo si vas a verlo
Suele ser el último domingo de abril. Si estás por la ciudad, acércate al claustro o a la Basílica. El ambiente es muy solemne pero tiene ese punto divertido de saber que se están peleando educadamente.
Eso sí, madruga. Se llena de gente de León de toda la vida y coger sitio es complicado. Después del acto, lo típico es irse al Barrio Romántico (que está pegado) a tomar el vermú y comentar la jugada. Es un plan de domingo redondo.
Al final del día, da igual si es Foro u Oferta. Lo importante es que en 1158 llovió y que eso nos sirve de excusa para juntarnos todos los años.
Preguntas frecuentes sobre esta tradición
¿Cuándo se celebran exactamente?
La tradición marca el último domingo de abril. A veces la fecha puede bailar ligeramente dependiendo de cómo caiga la Semana Santa ese año, pero esa es la referencia principal.
¿Hay que pagar entrada?
No, la entrada a la Basílica de San Isidoro para la ceremonia es gratuita hasta completar el aforo. Pero insisto: ve pronto porque se llena.
¿Quién gana la discusión?
Nadie gana. Quedan en tablas. El Ayuntamiento mantiene que es voluntario y el Cabildo que es obligación. Se emplazan al año siguiente y así llevamos siglos.

